De interés

07 enero 2016

El escapista de letras



El escapista de letras - Carlos M. Ortega Vilas // CanariasCreativa.com

 

Carlos M. Ortega Vilas es uno de tantos canarios que escapó de las islas para intentar vivir de su pasión. Mucha actividad a sus espaldas atesoran su primera puesta de largo editorial: Tuve que hacerlo y otros relatos, publicado por Baile del Sol Ediciones.


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Buenas tardes Carlos y gracias por apuntarte a la entrevista. Hablemos de un autor: ¿Quién es Carlos Ortega Vilas? 

 

Un autor en construcción. Espero tener material suficiente para completar el edificio y que sea lo suficientemente bueno para que se mantenga en pie. 

 

¿Cuándo empiezan tus ansias de poner palabras a tus pensamientos?

 

Es algo que siempre estuvo ahí. Escribo porque es lo único que me hace sentir que tengo cierto control sobre la vida. Lo único que me da seguridad, aunque al mismo tiempo me aterre. No sé cuándo surgió esa necesidad de poner palabras a los pensamientos, como dices. Solo sé que la ficción es el mejor medio que he encontrado para hacerlo. 

 

¿Y cuándo es el momento en que decides que será de ello de lo que intentarás vivir?

 

Desde que comprobé que lo que escribía era bien recibido, que había personas a las que les interesaba lo que tenía que contar y como lo contaba. Por eso me gustaban los talleres de escritura cuando asistía de alumno y por eso me gusta impartirlos ahora: porque es un primer contacto con un público imparcial —feroz, a veces— que no tiene motivos para mentirte. En Salamanca me dio clases de relato un profesor excepcional, Juanjo Domínguez, que me enseñó a tener constancia. Él fue el primero en animarme a enviar mis trabajos a concursos literarios. La primera vez que una editorial (Ediciones Beta, de Bilbao) me seleccionó un relato para publicarlo en una antología, fue justo al terminar su taller —en 2005— y sentí una conmoción tan grande, una satisfacción tan íntima, que no se puede explicar con palabras. Esas son las cosas que me animaron a seguir intentándolo. 

 

Aunque sea poco menos que imposible, creo que la meta de todo escritor que se tome en serio lo que hace debe ser esa: vivir de su trabajo. Lo mismo que espera cualquier otro profesional en cualquier otra área. 

 

Saliste de las islas hace muchos años para forjar un destino. ¿Cómo te han tratado las letras?

 

No me quejo. De hecho, fue gracias a las letras que conseguí mi primer trabajo en una academia de español cuando llegué a Salamanca —ni siquiera había terminado la carrera, por entonces. Me contrataron porque había publicado algunos poemas y un cuento en La plazuela de las letras, una revista literaria que editaba el Cabildo en los años 90. También gracias a las letras he podido impartir talleres de escritura, labor que me ha dado muchas satisfacciones, como la de editar una compilación de cuentos fantásticos —Manual para depredadores— escritos por varios de los asistentes a uno de los talleres avanzados de relato. Lo dicho: no puedo quejarme. 

 

Escritor, corrector profesional y de estilo, eres además colaborador de El País en la edición digital de El Viajero. ¿Hay tiempo para tanta letra?

 

Hay quien dice que el tiempo es una idea. Si eso es cierto, esa idea no la tuve yo. Cuando tengo varias tareas entre manos lo llevo mal. En parte porque soy muy meticuloso trabajando, en parte porque soy muy lento y en parte porque soy muy cabezota: hasta que no consigo expresar lo que quiero, o al menos algo que se aproxime lo más posible, no doy nada por terminado. 

 

Me gusta saber que controlo la información, invierto mucho tiempo en documentarme, en dar forma al contenido… A pesar de todo, siempre hay tiempo. Solo que a veces tienes que renunciar a otras cosas. 

 

En tu camino vemos muchas obras colectivas y aún más premios y menciones. ¿Qué ha pasado para que no sea hasta ahora cuando podamos adquirir una publicación 100% Ortega Vilas?

 

Quizás a que todo lleva su tiempo. En 2007 comencé una novela —no era mi primera incursión en el género, pero sí la primera vez que el proyecto me parecía aceptable en términos literarios. 

Su escritura me pilló en uno de los momentos más inestables de mi vida. Tardé algo más de tres años en terminarla. Es una obra bastante compleja, con un hilo argumental que se ramifica en diferentes subtramas donde aparecen multitud de personajes secundarios y diálogos. Acabé, literalmente, exhausto. Tuve que darme un respiro, que duró casi un año, y luego me puse a buscar editorial. Gracias a Enrique Murillo —escritor y editor de Los Libros del Lince— conseguí que, tras leer mi novela, un agente literario aceptara representarme. Fue un paso importante, porque sin un agente que te respalde es muy difícil que una editorial grande acepte leer tu manuscrito. 

 

De todos modos, con agente y todo, es un proceso lento, a veces desesperante para el escritor. Pero son las reglas del juego, hay que tener paciencia. Tal vez, lo que ha retrasado tanto la aparición de una obra enteramente mía es que no me había atrevido a dar el paso de enviarla directamente a un editor, en el caso de los relatos, y en el caso de la novela, que no había tenido suerte con las editoriales a las que había acudido. Por fortuna la situación ha cambiado: en julio apareció Tuve que hacerlo y en 2016 —si todo va según lo previsto— publicaré la novela, con la mejor editorial que podía soñar, además.  

 

Tuve que hacerlo y otros relatos es una recopilación de cuentos. ¿Qué nos podemos encontrar en dicho volumen? 

 

«Una familia atrapada en un bucle espacio temporal. Trayectos sin retorno, abuelas exquisitas con aspiraciones de futuro. Niñeras cautivas (de las circunstancias). Castigos milagrosos, contagios al filo de un andén. Un escritor de culto y su musa, a la deriva. Objetos tiránicos, fiestas al borde del acantilado. Mareas inexorables, manchas que se resisten a desaparecer...». 

 

O eso dice la contraportada del libro…

 

¿Y cómo ha sido el camino hasta que una editorial se ha convencido de su publicación?

 

No ha sido tan difícil como esperaba. 

 

Como te decía, empecé a publicar gracias a los concursos que organizan algunas editoriales independientes —que son las que suelen dar oportunidades a autores noveles—, bibliotecas o ayuntamientos. Pero no todos mis relatos tenían cabida en esos certámenes —porque no se ceñían a las bases o porque la temática podía resultar incómoda, pensaba yo. Nunca se me había ocurrido mandarlos directamente a una editorial, debido a lo que te comentaba antes: había centrado todas mis expectativas en la novela. Hasta que un día seleccioné catorce historias, compuse esta antología, la corregí, pedí su opinión a personas de confianza y cuando me pareció que estaba en condiciones de ser leída, probé a enviársela a una editorial. 

 

Con Baile del Sol tuve un flechazo: fue mi primera opción, por muchos motivos —entre otros que es una editorial canaria; viviendo yo en Salamanca, me hacía especial ilusión. Al cabo de un par de meses, me escribieron para preguntarme si seguía interesado en publicar con ellos, y al poquito ya había firmado el contrato de edición. Creo que las cosas llegan cuando tienen que llegar, y ese libro estaba destinado a ser publicado por Baile del Sol. La edición está cuidada al detalle, me gusta muchísimo. Ha valido la pena esperar. 

 

Además de al propio autor, ¿qué respiran en común los cuentos que lo componen?

 

Tienen en común, creo, la irrupción de un elemento perturbador que va a transformar a los personajes, sin remedio. Son relatos bastante negros, tanto por el uso de una atmósfera inquietante como por el humor, que también lo hay, aunque sea bastante caustico. En algunos casos el elemento perturbador es un suceso fantástico que se cuela en una situación cotidiana y hace que el personaje se replantee su propia identidad. En otros, es un hecho traumático que pondrá fin a una etapa, digamos, de inocencia. En todos ellos cuestiono temas que me interesan, como las relaciones de poder, los convencionalismos sociales, el amor y la amistad, la infancia, la familia... De todos modos, no son cuentos morales. Ni juzgo a mis personajes ni pretendo extraer conclusiones de las decisiones que toman. Toda la fuerza de las historias, pienso, recae en ellos —en los personajes— y en la capacidad que tienen —o no tienen— de reaccionar a los obstáculos que encuentran en su camino. 

 

¿Qué te aportó Salamanca durante tantos años que no te podía aportar Canarias?

 

Cuando me fui de Canarias lo hice, sobre todo, por motivos personales y tuve que buscarme la vida en Salamanca como pude. Le debo muchas cosas a esa ciudad. Una de ellas es que me haya permitido volver a mi tierra tras haber acumulado un bagaje importantísimo, tanto en el terreno laboral como a nivel creativo. Fui profesor de escritura de relato en Letra Hispánica, una escuela de lengua y cultura españolas pionero en ofrecer este tipo de talleres en la ciudad. En esos años trabajé también para una universidad estadounidense (Emory University) como ayudante de dirección en su programa de estudios en Salamanca, otra experiencia inolvidable que me permitió crecer como persona y como profesional. 

 

He conocido a mucha gente increíble en Salamanca que me ha aportado un mundo, entre otros a Nona Domínguez, directora de la Biblioteca Pública “Casa de las Conchas” —para mí, junto con la Biblioteca Insular en Gran Canaria, de lo mejor que hay a nivel nacional en bibliotecas, por la tremenda labor de promoción cultural que desarrollan. Ella me dio la oportunidad de colaborar en eventos como el Festival de las Artes de Castilla y León en dos ocasiones, de participar en encuentros literarios y en otras actividades promovidas también desde la Asociación de Amigos de la Biblioteca. Resumiendo: Salamanca me aportó lo que Las Palmas no podía ofrecerme en aquel entonces —para empezar, un trabajo. 

 

¿Y qué perdura en ti de aquel muchacho que salió de Gran Canaria años ha?

 

La curiosidad, algo que espero no perder nunca. Es el motor de mi escritura.  

 

Y ahora, en el retorno, ¿qué ha cambiado a tu alrededor?

 

¡Muchas cosas! Las Palmas es una ciudad con una oferta cultural y artística de primer orden, a todos los niveles. No la recordaba así. Hay tanto que hacer, que ver, tantas actividades en las que participar, que no abarco todo lo que quisiera. Es un privilegio vivir aquí: la cultura, el clima, la gente, el ritmo de vida, la naturaleza (parezco un anuncio de cerveza, lo sé). Todo me parece estimulante. Cuando vives en el mismo lugar de continuo, a veces pierdes la perspectiva y piensas que estarías mejor en otro sitio. O eso pensaba yo cuando me fui a Salamanca. Ahora me encuentro a gusto en mi ciudad. Me he reconciliado con ella. 

 

¿Crees que ha evolucionado la aceptación de tu profesión en las islas?

 

Creo que sí ha evolucionado. El concepto de escritor está cambiando, y al contrario de quien se echa las manos a la cabeza porque “cualquiera escribe”, a mí me parece positivo. Hay mucha gente joven —y no tan joven— con esas mismas ansias de poner palabras a sus pensamientos que citabas al principio, y se les debe tratar con todo el respeto que se merecen, aportarles medios, espacios, foros donde puedan potenciar su creatividad. Hay que alimentar ese espíritu, que la gente escriba, que lea, que comunique, en definitiva. Así se construye una sociedad mejor. Y dejarse de prejuicios, porque lectores hay para todo tipo de géneros y de estilos, para todo tipo de voces. Lo que me sigue faltando en Canarias, como en el resto de España, son ayudas. Estímulos. No hay becas —ni siquiera a nivel estatal— para escritores, y las pocas que hay exigen unos requisitos que solo cumplen autores ya asentados en su profesión. No hay estancias, no hay suficiente formación. La escritura creativa no forma parte del currículo educativo, no ha llegado a la escuela, como complemento de la animación a la lectura, por ejemplo. Desconozco si en la universidad ha cambiado algo.

 

¿Y cómo ves el panorama literario actual de las islas?

 

Lo veo vivo y con muy buena salud. A la vista está la cantera de escritores canarios que se han hecho un hueco importante en el panorama literario actual, dentro y fuera de las islas —tal vez Alexis Ravelo o José Luis Correa sean un buen ejemplo, pero hay muchísimos más, y muy buenos—, las editoriales canarias con presencia en un mercado cada vez más global, la cantidad de eventos literarios que se organizan —como el Lucha Libro, un certamen de improvisación literaria increíble—, encuentros, debates, tertulias… 

 

En el marco del Pacto por la Lectura y la Escritura en Gran Canaria se han creado mesas de trabajo respaldadas por instituciones como el Cabildo y otras entidades, una iniciativa absolutamente necesaria que, espero, se materialice pronto en acciones concretas. Veo que hay buena disposición y muchos profesionales implicados ahora mismo en aportar ideas, recursos. En ese sentido, creo que la cosa marcha. 

 

En El Escobillón, te definen como “un escritor contenido, al que le gusta el final con doble vuelta de tuerca […]”. ¿Cómo te definirías a ti mismo?

 

Estoy bastante de acuerdo con todo lo que dice Eduardo García Rojas en esa reseña. Me gusta la contención y me gusta crear cierta atmósfera, cierta tensión, en todas mis historias. Los finales con doble vuelta de tuerca me salen solos, no es un recurso buscado adrede, la verdad. En general prefiero los finales abiertos, pero con trama cerrada. No me gustan los adornos, soy bastante sobrio en el estilo. A mí me interesan los personajes, dejarles que ellos desarrollen la historia mediante acciones y diálogos. No me gustan las descripciones. Prefiero sugerir, mostrar las acciones casi en imágenes, y que el lector extraiga sus propias conclusiones. Creo que utilizo un lenguaje bastante cinematográfico.    

 

¿Y a tu obra?

 

En proceso de definirse. Pienso que aún es pronto para catalogarla de alguna manera. El relato es un género que me gusta mucho, pero también soy novelista. Habría que ver qué tienen en común mis novelas y mis relatos. De todos modos me resulta difícil definir lo que hago, porque escribo desde la intuición. Sé lo que no quiero escribir, sé qué estilo de escritura no va conmigo. Pero eso no es suficiente para definir mi obra, supongo. Tendría que hacerlo alguien con un punto de vista externo. Yo no tengo ni idea…

 

¿Se puede vivir de contar historias en libros? ¿Qué dirías a quienes leyendo esta entrevista creen que tienen algo que contar?

Algunos autores lo logran. Y si de verdad quieres ser escritor, esa debe ser tu meta, como ya dije antes. Si tienes algo que contar, si tienes la necesidad de hacerlo, adelante y de cabeza. Pero una vez que lo hagas, adquieres una responsabilidad que no puedes eludir. Si escribes, escribes para ser leído —no me vale eso de “escribo para mí”. Y debes dar lo mejor de ti. Eso implica ser crítico, aprender a tener un criterio de calidad interno que te guíe en el proceso, ser constante, no conformarte con cualquier cosa que hagas. Ponerte en duda. Y leer. Un buen escritor es siempre un buen lector. 

 

¿Algún consejo antes de hacer pública su obra?

 

Registrarla. Nunca se sabe… Y si vas a recurrir a la autoedición, conviene que algún corrector profesional te revise el texto, porque normalmente esas editoriales no se hacen cargo de la corrección. Es fundamental que tu trabajo llegue al público con su mejor apariencia. Un texto con faltas o con muchas erratas, por muy interesante que sea el argumento, desinfla inmediatamente el interés del lector.

 

Por desgracia, no es difícil encontrar libros de grandes firmas editoriales tan plagados de erratas que uno no sabe al final si el libro que ha leído es el mismo que escribió el autor —sobre todo cuando se trata de una traducción. Un escritor no es un corrector. Ni lo es un traductor ni un periodista, o no tienen por qué serlo. Para eso hay profesionales. 

 

Si una editorial prescinde de ellos, abarata el producto, en todos los sentidos. A mí me da pena que no se cuiden esos aspectos, que restan credibilidad, que empobrecen la experiencia de leer. Por el contrario, las editoriales independientes suelen ser muy cuidadosas, otro punto a favor de ellas.

 

Test rápido. ¿Banda sonora para trabajar o prefieres el silencio?

 

Silencio, o algo relacionado con lo que estoy escribiendo.

 

¿Se puede vivir de la literatura, como escritor?

 

 ¡Depende de lo que necesites para vivir! Hay quien lo consigue. 

 

Un libro, además del tuyo, que debe estar en toda estantería que se precie.

 

El cielo protector, de Paul Bowles. 

 

Un referente internacional, otro nacional y otro de las islas.

 

Un referente internacional, Raymond Carver. Otro nacional, Carmen Martín Gaite. Y de las islas, Félix Francisco Casanova. 

 

¿Guion previo o como vaya saliendo?

 

 Por lo general, guion previo. 

 

¿Manuscrito, a máquina o en ordenador?

 

 Ordenador. 

 

¿Tienes algo que añadir que me haya dejado atrás?

 

Qué va. Creo que has tocado todos los palos. 

 

¿Qué es la inspiración?

 

Una trampa. Como decía Picasso, si llega, que me pille trabajando. A nadie se le ocurre esperar a estar inspirado para ir al trabajo. Los escritores no son una excepción. 

 

¿Es internet el futuro de la distribución literaria? 

 

En muchos casos, ya lo está siendo. El problema, para mí, radica en la promoción de la obra: si no te ven, no existes. ¿De qué sirve que tu libro se distribuya en muchas páginas de Internet, ya sea en formato físico o electrónico, si nadie ha oído hablar de él, si no se destaca de alguna manera para que capte la atención del lector?  

 

¿En qué andas metido ahora mismo? 

 

Estoy trabajando en mi segunda novela, preparando la edición de la primera y organizando varios proyectos, entre otros un taller de escritura y dos nuevas presentaciones de Tuve que hacerlo y otros relatos, una en Madrid y otra en Las Palmas.  

 

¿Plan a largo plazo? 

 

¿Vivir del cuento? 

 

Te dejo descansar… ¿Algo que desees añadir? 

 

Solo darte las gracias por esta entrevista, ha sido un lujo que cuentes conmigo. Y felicitarte por el trabajo que hacen desde Canarias Creativa, especialmente por la edición del fanzine. Que den espacio a creativos que quieran dar a conocer su trabajo, de forma tan generosa y con tanto esmero como lo hacen ustedes, no es nada frecuente.  

 

Estoy deseando tener el volumen entre mis manos. Mucha suerte en la andadura.

 

Y yo deseando que se lea… ¡Cruzo los dedos!

 

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El escapista de letras - Carlos M. Ortega Vilas // CanariasCreativa.com

 

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