De ese pequeño cabaret, para un público reducido, a la gran pintura, en un ejercicio revisionista y de recuperación, que no sólo habla de quienes están retratadas, sino también de quienes miramos ahora las obras. Por eso esta exposición resulta también capital: las obras de Tabares llevan al cubo blanco, a la sala de exposiciones y ante el público posible un recuento y recuerdo de todas aquellas folclóricas que han sido protagonistas en nuestras televisiones, fiestas, cabarets… y ahora lo son en el lienzo.
Son estas obras, en blanco y negro, cargadas de emotividad y hasta melancolía, un homenaje a nuestra historia reciente, la menos querida, pero la más evidente y cercana. Una exposición altamente poética y profundamente política, con una primera lectura visual que muestra el buen dominio de la técnica pictórica y el retrato, y una segunda que nos obliga a reconciliarnos con esas protagonistas felices y acicaladas de historias de represión, violencia y que ahora son aquí, por vez primera en una exposición, homenajeadas.
Cada obra contará con un texto escrito específicamente por personas de diferentes ámbitos como los periodistas Rosa Montero y Máxim Huerta, los escritores María Von Touceda, Roy Galán, Cris Latorre, Diego Ojeda y Rubén Tejerina los arquitectos Carlos Copertone y Juan Manuel Roque, el director de cine uruguayo Martín Sastre, la fotógrafa Cristina de Middel entre otros.
Obligarnos a mirar
El retrato ha sido, desde siempre, un género vinculado a lo psicológico, a la representación fidedigna del retratado, bien sea a través de una similitud física, o bien siendo el carácter psicológico del protagonista lo que adquiere notoriedad en la obra.
En uno de los clásicos modernos de la literatura occidental, “El retrato de Dorian Gray”, es precisamente una pintura, un retrato, el capaz de albergar tanto el paso del tiempo como la maldad de su protagonista, permitiéndole a este ser eternamente joven. Vender el alma al diablo era, pues, posible a través de la representación visual de Gray.
Lo que nos encontramos en el trabajo de Cristóbal Tabares es un recorrido visual por la Historia moderna sin renunciar al buen trabajo pictórico; apela al retrato, en constante renovación, y convierte a travestis y transexuales de un cabaret de París en protagonistas de lienzos de gran formato. De ese pequeño cabaret, para un público reducido, a la gran pintura, en un ejercicio revisionista y de recuperación, que no sólo habla de quienes están retratadas, sino también de22 quienes miramos ahora las obras.
Al mirar estas obras aparece cierta noción de lo camp, aquello que en 1964 Susan Sontag definía como algo vinculado al artificio, “off”, exagerado, e impropio. Sontag, teórica de la alta cultura, consideraba este camp como algo neutral respecto al contenido, valorando en él sólo su estilo y sosteniendo que era hasta apolítico, olvidando y negando “el espíritu de resistencia subcultural de las personas homosexuales de los años cincuenta y sesenta” (1).
También el análisis de Lucas Platero relee el camp de Susan Sontag y le dota de un potencial político. En su texto El “estilo de la carne” en Maikrux y Falete: feminidad, humor y agencia (2) ejemplifica cómo el humor puede transformar el insulto en arma verbal y política, como ocurre desde los orígenes de la propia teoría y cultura queer.
Quienes protagonizan las obras de Tabares no son “freaks”, no se representan desde la burla sino que adquieren, a través de una sutileza magistral en el dominio pictórico y del retrato, un tratamiento similar al de personajes históricos. Y es que, al fin y al cabo, todas las mujeres que vemos en estas obras son parte de la memoria visual de la Historia reciente, una parte de esa Historia hasta hace décadas ignorada y reprimida violentamente por la sociedad y el Estado. Puede que nunca hayamos visitado ese cabaret, que no sepamos quiénes son cada una de las retratadas, pero su ejemplo se equipara al de muchas otras que sí conocemos, que tenemos en nuestra memoria visual, que hemos visto en la televisión, en la prensa…
Tabares aplica un doble ejercicio con su representación: las realza y honra desde el retrato y nos sitúa, a quienes miramos, en la perspectiva de los que ya no pueden apartar la mirada, nos obliga a reconocer a quienes tenemos en el lienzo.
Nuestra posición como público tampoco puede ser pasiva; las retratadas nos obligan a pensar dónde queremos situarnos. Y es que quienes son “los otros”, los subalternos de los que Spivak dudaba sobre su capacidad de hablar y enunciarse, no son categóricamente sujetos determinados y manipulados por el hecho cultural, sino que pueden tomar la palabra y actuar, en su contexto, con agencia y presencia; y el humor es una de estas herramientas. Quienes acudían a los espectáculos de cabaret trans encontraban algo más que un divertimiento sobre el escenario, encontraban espacios donde las disidencias de las normas de género podían ser posibles, donde sentirse, en un breve espacio de tiempo y lugar, libres y realmente ellos o ellas mismas, sin censura.
La cultura popular y el humor, del que se han apropiado muchas de las travestis y transexuales que tenemos en mente, como La Veneno, Carmen de Mairena… en sus apariciones en los medios, no son lugares de la desactivación política sino que, como sugiere el texto de Platero, Rosón y Álvarez, “son dos lugares de posibilidad, que pueden llegar a transformarse en territorios abonados para las resistencias, basadas estas fundamentalmente en el placer y la agencia”.
La censura de quien mira se rompe y permite fisuras en cuestiones tabú como el binarismo de género; con la risa ante una actuación que muestra que las normas de género son una repetición sin original, una performance del propio género, se nos permiten posibilidades de cuestionamiento antes imposibles. Es importante fijarnos en que la televisión ha sido la vía a través de la cual muchos españoles y españolas entraron en contacto con “lo gay”, “la pluma” o “la bollera”. Posibilitar la mirada disidente en un medio de masas transforma las opciones sociales de quien observa desde el otro lado de la pantalla.
Es la televisión fundamentalmente la que ha permitido estas fisuras dentro de los imaginarios visuales de la población española cuando veían a una transexual en la televisión y no se alarmaban. La hipervisibilidad permitía también la reafirmación de lo absurdo de un binarismo reduccionista e irreal. Los personajes retratados mostraban la no existencia de identidades estables.
Por eso esta exposición resulta también capital: las obras de Tabares llevan al cubo blanco, a la sala de exposiciones y ante el público posible un recuento y recuerdo de todas aquellas folclóricas que han sido protagonistas en nuestras televisiones, fiestas, cabarets… y ahora lo son en el lienzo. Son estas obras, en blanco y negro, cargadas de emotividad y hasta melancolía, un homenaje a nuestra historia reciente, la menos querida, pero la más evidente y cercana. Una exposición altamente poética y profundamente política, con una primera lectura visual que muestra el buen dominio de la técnica pictórica y el retrato, y una segunda que nos obliga a reconciliarnos con esas protagonistas felices y acicaladas de historias de represión, violencia y que ahora son aquí, por vez primera en una exposición, homenajeadas.
Semíramis González.
[1] Belbel, María José: “Yes, we camp. El estilo como resistencia. Feminismos, disidencia de género y prácticas subculturales en el Estado español”.
[1] Álvarez Uría A., Platero Méndez L., y Rosón Villena M.
Título: LIBERTÉ, EGALITÉ, VARIETÉ
Lugar: Sala de arte La Recova, Santa Cruz de Tenerife (junto al Guimerá)
Fecha: Desde 16 de Septiembre hasta el 12 de octubre